Escudo de la Congregación Dominicas Santa Rosa de Lima Congregación de
Dominicas Santa Rosa de Lima

Vivir, orar y trabajar es servir al señor

Santa Rosa de Lima

Documento oficial sobre el Sínodo Panamazónico

DOCUMENTO FINAL
ASAMBLEA ESPECIAL PARA LA REGIÓN PANAMAZÓNICA
AMAZONÍA: NUEVOS CAMINOS PARA LA IGLESIA Y PARA UNA ECOLOGÍA INTEGRAL

 

Í N D I C E
INTRODUCCIÓN
CAPÍTULO I. AMAZONÍA: DE LA ESCUCHA A LA CONVERSIÓN INTEGRAL
La voz y el canto de la Amazonía como mensaje de vida
El clamor de la tierra y el clamor de los pobres
La Iglesia en la Región Amazónica
Llamados a una conversión integral
CAPITULO II. NUEVOS CAMINOS DE CONVERSIÓN PASTORAL
La Iglesia en salida misionera
a. Iglesia samaritana, misericordiosa, solidaria
b. Iglesia en diálogo ecuménico, interreligioso y cultural
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Iglesia misionera que sirve y acompaña a los pueblos amazónicos
a. Iglesia con rostro indígena, campesino y afrodescendiente
b. Iglesia con rostro migrante
c. Iglesia con rostro joven
d. Iglesia que recorre nuevos caminos en la pastoral urbana
e. Una espiritualidad de la escucha y el anuncio
Nuevos caminos para la conversión pastoral
CAPITULO III. NUEVOS CAMINOS DE CONVERSIÓN CULTURAL
El rostro de Iglesia en los pueblos amazónicos
a. Los valores culturales de los pueblos amazónicos
b. Iglesia presente y aliada de los pueblos en sus territorios
Caminos para una Iglesia inculturada
a. La vivencia de la fe expresada en la piedad popular y la catequesis inculturada
b. El misterio de la fe reflexionado en una teología inculturada
Caminos para una Iglesia intercultural
a. El respeto a las culturas y a los derechos de los pueblos
b. La promoción del diálogo intercultural en un mundo global
c. Los desafíos para la salud, la educación y la comunicación
Nuevos caminos para la conversión cultural
CAPITULO IV. NUEVOS CAMINOS DE CONVERSIÓN ECOLÓGICA
Hacia una ecología integral desde la encíclica Laudato si’
a. Amenazas contra el bioma amazónico y sus pueblos
b. El desafío de nuevos modelos de desarrollo justo, solidario y sostenible
Iglesia que cuida la “casa común” en la Amazonía
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a. La dimensión socio-ambiental de la evangelización
b. Iglesia pobre, con y para los pobres desde las periferias vulnerables
Nuevos caminos para la promoción ecológica integral
a. Interpelación profética y mensaje de esperanza a toda la Iglesia y todo el mundo
b. Observatorio Socio Pastoral Amazónico
CAPITULO V. NUEVOS CAMINOS DE CONVERSIÓN SINODAL
La sinodalidad misionera en la Iglesia Amazónica
a. La sinodalidad misionera de todo el Pueblo de Dios bajo la guía del Espíritu
b. Espiritualidad de comunión sinodal bajo la guía del Espíritu
c. Hacia un estilo sinodal de vivir y de obrar en la región amazónica
Nuevos caminos para la ministerialidad eclesial
a. Iglesia ministerial y nuevos ministerios
b. La vida consagrada
c. La presencia y la hora de la mujer
d. Diaconado permanente
e. Itinerarios de formación inculturada
f. La Eucaristía fuente y culmen de comunión sinodal
Nuevos caminos para la sinodalidad eclesial
a. Estructuras sinodales regionales en la Iglesia amazónica
b. Universidades y nuevas estructuras sinodales amazónicas
c. Organismo Eclesial Regional Postsinodal para la región amazónica
d. Rito para los pueblos originarios
CONCLUSIÓN
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INTRODUCCIÓN
1. “Y dijo el que está sentado en el trono: “Mira, hago nuevas todas las cosas” Y dijo: “Escribe:
¡estas palabras son fieles y verdaderas!” (Ap 21,5)
Después de un largo camino sinodal de escucha del Pueblo de Dios en la Iglesia de la Amazonía,
que inauguró el Papa Francisco en su visita a la Amazonía, 19 de enero de 2018, el Sínodo se
celebró en Roma en un encuentro fraternal de 21 días en octubre 2019. El clima fue de intercambio
abierto, libre y respetuoso de los obispos pastores en la Amazonía, misioneros y misioneras, laicos,
laicas, y representantes de los pueblos indígenas de la Amazonía. Fuimos testigos participantes
en un evento eclesial marcado por la urgencia del tema que reclama abrir nuevos caminos para la
Iglesia en el territorio. Se compartió un trabajo serio en un ambiente marcado por la convicción de
escuchar la voz del Espíritu presente.
El Sínodo se celebró en un ambiente fraternal y orante. Varias veces las intervenciones fueron
acompañadas por aplausos, cantos y todas con hondos silencios contemplativos. Fuera del aula
sinodal, hubo una presencia notable de personas venidas del mundo amazónico que organizaron
actos de apoyo en diferentes actividades, procesiones, como la de apertura con cantos y danzas
acompañando al Santo Padre, desde la tumba de Pedro al aula sinodal. Impactó el vía crucis de
los mártires de la Amazonía, además de una masiva presencia de los medios de comunicación
internacional.
2. Todos los participantes han expresado una conciencia aguda sobre la dramática situación
de destrucción que afecta a la Amazonía. Esto significa la desaparición del territorio y de sus
habitantes, especialmente los pueblos indígenas. La selva amazónica es un “corazón biológico” para
la tierra cada vez más amenazada. Se encuentra en una carrera desenfrenada a la muerte. Requiere
cambios radicales con suma urgencia, nueva dirección que permita salvarla. ¡Está comprobado
científicamente que la desaparición del bioma Amazónico tendrá un impacto catastrófico para el
conjunto del planeta!
3. El caminar sinodal del Pueblo de Dios en la etapa preparatoria involucró a toda la
Iglesia en el territorio, los Obispos, misioneros y misioneras, miembros de las Iglesias de otras
confesiones cristianas, laicos y laicas, y muchos representantes de los pueblos indígenas, en torno
del documento de consulta que inspiró al Instrumentum Laboris. Destaca la importancia de la
escucha de la voz de la Amazonía, movida por el soplo mayor del Espiritu Santo en el grito de la
tierra herida y sus habitantes. Se registró la participación activa de más de 87.000 personas, de
las ciudades y culturas distintas, además de numerosos grupos de otros sectores eclesiales y los
aportes de académicos, y organizaciones de la sociedad civil en los temas específicos centrales.
4. La celebración del Sínodo, logró destacar la integración de la voz de la Amazonía con la
voz y el sentir de los pastores participantes. Fue una nueva experiencia de escucha para discernir la
voz del Espíritu que conduce a la Iglesia a nuevos caminos de presencia, evangelización y diálogo
intercultural en la Amazonía. El reclamo, surgido en el proceso preparatorio, de que la Iglesia fuera
aliada del mundo amazónico, fue afirmado con fuerza. La celebración finaliza con gran alegría y la
esperanza de abrazar y practicar el nuevo paradigma de la ecología integral, el cuidado de la “casa
común” y la defensa de la Amazonía.
CAPÍTULO I
AMAZONÍA: DE LA ESCUCHA A LA CONVERSIÓN INTEGRAL
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“Me mostró luego un río de agua de vida, resplandeciente como cristal,
que sale del trono de Dios y del Cordero” (Ap 22,1)
5. “Cristo apunta a la Amazonía” (Pablo VI, atrib.). Él libera a todos del pecado y otorga
la dignidad de los Hijos de Dios. La escucha de la Amazonía, en el espíritu propio del discípulo y a
la luz de la Palabra de Dios y de la Tradición, nos empuja a una conversión profunda de nuestros
esquemas y estructuras a Cristo y a su Evangelio.
La voz y el canto de la Amazonía como mensaje de vida
6. En la Amazonía, la vida está inserta, ligada e integrada al territorio, que como espacio
físico vital y nutricio, es posibilidad, sustento y límite de la vida. La Amazonía, también llamada
Panamazonía, es un extenso territorio con una población estimada en 33.600.000 habitantes, de
los cuales entre 2 y 2,5 millones son indígenas. Este espacio, conformado por la cuenca del río
Amazonas y todos sus tributarios, se extiende por 9 países: Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia,
Venezuela, Brasil, Guyana, Surinam y Guayana Francesa. La región amazónica es esencial para la
distribución de las lluvias en las regiones de América del Sur y contribuye a los grandes movimientos
de aire alrededor del planeta; en la actualidad es la segunda área más vulnerable del mundo con
relación al cambio climático por la acción directa del hombre.
7. El agua y la tierra de esta región nutren y sustentan la naturaleza, la vida y las culturas de
cientos de comunidades indígenas, campesinos, afro-descendientes, mestizos, colonos, ribereños
y habitantes de los centros urbanos. El agua, fuente de vida, posee un rico significado simbólico.
En la región Amazónica, el ciclo del agua es el eje conector. Conecta ecosistemas, culturas y el
desarrollo del territorio.
8. En la región Amazónica existe una realidad pluriétnica y multicultural. Los
diferentes pueblos supieron adaptarse al territorio. En el interior de cada cultura, construyeron y
reconstruyeron su cosmovisión, sus signos y sus significados, y la visión de su futuro. En las culturas
y pueblos indígenas conviven las prácticas antiguas y explicaciones míticas, con las tecnologías y
retos modernos. Los rostros que habitan en la Amazonía son muy variados. Además de los pueblos
originarios, existe un gran mestizaje nacido con el encuentro y desencuentro de los diferentes
pueblos.
9. La búsqueda de los pueblos indígenas amazónicos de la vida en abundancia, se
concreta en lo que ellos llaman el ‘buen vivir’, y que se realiza plenamente en las Bienaventurazas.
Se trata de vivir en armonía consigo mismo, con la naturaleza, con los seres humanos y con el
ser supremo, ya que hay una intercomunicación entre todo el cosmos, donde no hay excluyentes
ni excluidos, y donde podamos forjar un proyecto de vida plena para todos. Tal comprensión de
la vida se caracteriza por la conectividad y armonía de relaciones entre el agua, el territorio y la
naturaleza, la vida comunitaria y la cultura, Dios y las diversas fuerzas espirituales. Para ellos, ‘buen
vivir’ es comprender la centralidad del carácter relacional trascendente de los seres humanos y
de la creación, y supone un ‘buen hacer’. Este modo integral se expresa en su propia manera de
organizarse que parte de la familia y de la comunidad, y que abraza un uso responsable de todos
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los bienes de la creación. Los pueblos indígenas aspiran a lograr mejores condiciones de vida,
sobre todo en salud y educación, a disfrutar del desarrollo sostenible protagonizado y discernido por
ellos mismos y que mantenga la armonía con sus formas tradicionales de vida, dialogando entre la
sabiduría y tecnología de sus antepasados y las nuevas adquiridas.
El clamor de la tierra y el grito de los pobres
10. Pero, la Amazonía hoy es una hermosura herida y deformada, un lugar de
dolor y violencia. Los atentados contra la naturaleza tienen consecuencias contra la vida de los
pueblos. Esta única crisis socio-ambiental se reflejó en las escuchas pre-sinodales que señalaron
las siguientes amenazas contra la vida: apropiación y privatización de bienes de la naturaleza,
como la misma agua; las concesiones madereras legales y el ingreso de madereras ilegales;
la caza y la pesca predatorias; los mega-proyectos no sostenibles (hidroeléctricas, concesiones
forestales, talas masivas, monocultivos, carreteras, hidrovías, ferrocarriles y proyectos mineros y
petroleros); la contaminación ocasionada por la industria extractiva y los basureros de las ciudades
y, sobre todo, el cambio climático. Son amenazas reales que traen asociadas graves consecuencias
sociales: enfermedades derivadas de la contaminación, el narcotráfico, los grupos armados ilegales,
el alcoholismo, la violencia contra la mujer, la explotación sexual, el tráfico y trata de personas, la
venta de órganos, el turismo sexual, la pérdida de la cultura originaria y de la identidad (idioma,
prácticas espirituales y costumbres), la criminalización y asesinato de líderes y defensores del
territorio. Detrás de todo ello están los intereses económicos y políticos de los sectores dominantes,
con la complicidad de algunos gobernantes y de algunas autoridades indígenas. Las víctimas son
los sectores más vulnerables, los niños, jóvenes, mujeres y la hermana madre tierra.
11. La comunidad científica, por su parte, advierte de los riesgos de la deforestación, que
hasta la fecha se acerca a casi el 17% del bosque amazónico total, y que amenaza la supervivencia
de todo el ecosistema, poniendo en peligro la biodiversidad y cambiando el ciclo vital del agua
para la supervivencia del bosque tropical. Además, la Amazonía desempeña también un papel
crítico como amortiguador contra el cambio climático y proporciona invalorables y fundamentales
sistemas de soporte vital relacionados con el aire, el agua, los suelos, los bosques y la biomasa.
Al mismo tiempo, los expertos recuerdan que utilizando ciencia y tecnologías avanzadas para una
bioeconomía innovadora de bosques en pie y de ríos que fluyen, es posible ayudar a salvar al bosque
tropical, proteger los ecosistemas de la Amazonía y a los pueblos indígenas y tradicionales, y al
mismo tiempo, brindar actividades económicas sostenibles.
12. Un fenómeno para abordar son las migraciones. En la Región Amazónica, ocurren
tres procesos migratorios simultáneos. En primer lugar, los casos de movilidad de grupos indígenas
en territorios de circulación tradicional, separados por fronteras nacionales e internacionales. En
segundo lugar, el desplazamiento forzado de pueblos indígenas, campesinos y ribereños expulsados
de sus territorios, y cuyo destino final suele ser las zonas más pobres y peor urbanizadas de las
ciudades. En tercer lugar, las migraciones forzadas interregionales y el fenómeno de los refugiados,
que obligados a salir de sus países (entre otros, Venezuela, Haití, Cuba) deben cruzar la Amazonía
como corredor migratorio.
13. El desplazamiento de grupos indígenas expulsados de sus territorios o atraídos por el falso
brillo de la cultura urbana, representa una especificidad única de los movimientos migratorios en la
Amazonía. Los casos en que la movilidad de estos grupos se produce en territorios de circulación
indígena tradicional, separados por fronteras nacionales e internacionales, exige atención pastoral
transfronteriza capaz de comprender el derecho a la libre circulación de estos pueblos. La movilidad
humana en la Amazonía revela el rostro de Jesús Cristo empobrecido y hambriento (cf. Mt 25,35),
expulsado y sin hogar (cf. Lc 3,1-3), y también en la feminización de la migración que hace que miles
de mujeres sean vulnerables a la trata de personas, una de las peores formas de violencia contra las
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mujeres y una de las violaciones más perversas de los derechos humanos. El tráfico de personas
vinculado, a la migración, requiere un permanente trabajo pastoral en red.
14. La vida de las comunidades amazónicas aún no afectadas por el influjo de la civilización
occidental se refleja en la creencia y los ritos sobre el actuar de los espíritus de la divinidad, llamados
de innumerables maneras, con y en el territorio, con y en relación con la naturaleza (LS 16, 91,
117, 138, 240). Reconozcamos que desde hace miles de años han cuidado su tierra, sus aguas
y sus bosques, y han logrado preservarlos hasta hoy para que la humanidad pueda beneficiarse
del goce de los dones gratuitos de la creación de Dios. Los nuevos caminos de la evangelización
deben construirse en diálogo con estos conocimientos fundamentales en los que se manifiestan
como semillas de la Palabra.
La Iglesia en la Región Amazónica
15. La Iglesia en su proceso de escucha al clamor del territorio y del grito de los pueblos ha
de hacer memoria de sus pasos. La evangelización en América Latina fue un don de la Providencia
que llama a todos a la salvación en Cristo. A pesar de la colonización militar, política y cultural, y
más allá de la avaricia y la ambición de los colonizadores, hubo muchos misioneros que entregaron
su vida para transmitir el Evangelio. El sentido misional no sólo inspiró la formación de comunidades
cristianas, sino también una legislación como las Leyes de Indias, que protegían la dignidad de
los indígenas contra los atropellos de sus pueblos y territorios. Tales abusos produjeron heridas
en las comunidades y opacaron el mensaje de la Buena Nueva. Frecuentemente el anuncio de
Cristo se realizó en connivencia con los poderes que explotaban los recursos y oprimían a las
poblaciones. En el momento presente, la Iglesia tiene la oportunidad histórica de diferenciarse de
las nuevas potencias colonizadoras escuchando a los pueblos amazónicos para poder ejercer con
transparencia su actividad profética. Además, la crisis socioambiental abre nuevas oportunidades
para presentar a Cristo en toda su potencialidad liberadora y humanizadora.
16. Una de las páginas más gloriosas de la Amazonía la han escrito los mártires.
La participación de los seguidores de Jesús en su pasión, muerte y resurrección gloriosa, ha
acompañado hasta el día de hoy la vida de la Iglesia, especialmente en los momentos y lugares en
que ella, por causa del Evangelio de Jesús, vive en medio de una acentuada contradicción, como
sucede hoy con quienes luchan valerosamente en favor de una ecología integral en la Amazonía.
Este Sínodo reconoce con admiración a quienes luchan, con gran riesgo de sus propias vidas, para
defender la existencia de este territorio.
Llamados a una conversión integral
17. La escucha del clamor de la tierra y el grito de los pobres y de los pueblos de la
Amazonía con los que caminamos nos llama a una verdadera conversión integral, con una vida
simple y sobria, todo ello alimentado por una espiritualidad mística al estilo de San Francisco de
Asís, ejemplo de conversión integral vivida con alegría y gozo cristiano (cf. LS 20-12). Una lectura
orante de la Palabra de Dios nos ayudará a profundizar y descubrir los gemidos del Espíritu y nos
animará en el compromiso por el cuidado de la “casa común”.
18. Como Iglesia de discípulos misioneros suplicamos la gracia de esa conversión que
“implica dejar brotar todas las consecuencias del encuentro con Jesucristo en las relaciones con
el mundo que los rodea” (LS 217); una conversión personal y comunitaria que nos compromete a
relacionarnos armónicamente con la obra creadora de Dios, que es la “casa común”; una conversión
que promueva la creación de estructuras en armonía con el cuidado de la creación; una conversión
pastoral basada en la sinodalidad, que reconozca la interacción de todo lo creado. Conversión que
nos lleve a ser una Iglesia en salida que entre en el corazón de todos los pueblos amazónicos.
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19. Así, la única conversión al Evangelio vivo, que es Jesucristo, se podrá desplegar
en dimensiones interconectadas para motivar la salida a las periferias existenciales, sociales y
geográficas de la Amazonía. Estas dimensiones son: la pastoral, la cultural, la ecológica y la sinodal,
las cuales están desarrolladas en los próximos cuatro capítulos.
CAPITULO II
NUEVOS CAMINOS DE CONVERSIÓN PASTORAL
“Quien no nace de agua y de Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios” (Jn 3,5)
20. Una Iglesia misionera en salida nos exige una conversión pastoral. Para la Amazonía este
caminar supone también “navegar”, por nuestros ríos, nuestros lagos, entre nuestra gente. En la
Amazonía el agua nos une, no nos separa. Nuestra conversión pastoral será samaritana, en diálogo,
acompañando personas con rostros concretos de indígenas, de campesinos, de afrodescendientes
y migrantes, de jóvenes, de habitantes de las ciudades. Todo ello supondrá una espiritualidad de la
escucha y el anuncio. Es así como caminaremos y navegaremos en este capítulo.
La Iglesia en salida misionera
21. La Iglesia por naturaleza es misionera y tiene su origen en el “amor fontal de Dios” (AG
2). El dinamismo misionero que brota del amor de Dios se irradia, expande, desborda y se difunde
en todo el universo. “Somos insertados por el bautismo en la dinámica de amor por el encuentro con
Jesús que da un nuevo horizonte a la vida” (DAp 12). Este desbordamiento impulsa a la Iglesia a
una conversión pastoral y nos transforma en comunidades vivas que trabajen en equipo y en red
al servicio de la evangelización. La misión así comprendida no es algo optativo, una actividad de
la Iglesia entre otras, sino su propia naturaleza. ¡La Iglesia es misión! «La acción misionera es el
paradigma de toda la obra de la Iglesia» (EG 15). Ser discípulo misionero es algo más que cumplir
tareas o que hacer cosas. Se sitúa en el orden del ser. «Jesús nos indica a nosotros, sus discípulos,
que nuestra misión en el mundo no puede ser estática, sino que es itinerante. El cristiano es un
itinerante» (Francisco, Angelus, 30/06/2019).
a. Iglesia samaritana, misericordiosa, solidaria
22. Queremos ser una Iglesia Amazónica, samaritana, encarnada al modo en que el Hijo de
Dios se encarnó: “asumió nuestras enfermedades y cargó con nuestras dolencias” (Mt 8,17b). El que
se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza (2 Co 8,9), por medio de su Espíritu, exhorta a los
discípulos misioneros de hoy a salir al encuentro de todos, especialmente de los pueblos originarios,
los pobres, excluidos de la sociedad y los otros. Deseamos también una Iglesia magdalena, que se
siente amada y reconciliada, que anuncia con gozo y convicción a Cristo crucificado y resucitado.
Una Iglesia mariana que genera hijos a la fe y los educa con cariño y paciencia aprendiendo
también de las riquezas de los pueblos. Queremos ser una iglesia servidora, kerigmática, educadora,
inculturada en medio de los pueblos que servimos.
b. Iglesia en diálogo ecuménico, interreligioso y cultural
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23. La realidad pluriétnica, pluricultural y plurireligiosa de la Amazonía demanda
una actitud de abierto diálogo, reconociendo igualmente la multiplicidad de interlocutores: los
pueblos indígenas, ribereños, campesinos y afrodescendientes, las otras Iglesias cristianas y
denominaciones religiosas, organizaciones de la sociedad civil, movimientos sociales populares, el
Estado, en fin todas las personas de buena voluntad que buscan la defensa de la vida, la integridad
de la creación, la paz, el bien común.
24. En la Amazonía, “las relaciones entre católicos y pentecostales, carismáticos y evangélicos
no son fáciles. La aparición repentina de nuevas comunidades, vinculada a la personalidad de
algunos predicadores, contrasta fuertemente con los principios y la experiencia eclesiológica de
las Iglesias históricas y puede ocultar el peligro de ser arrastrados por las ondas emocionales
del momento o de encerrar la experiencia de la fe en ambientes protegidos y tranquilizadores. El
hecho de que no pocos fieles católicos se sientan atraídos por estas comunidades es motivo de
fricción, pero puede convertirse, por nuestra parte, en un motivo de examen personal y renovación
pastoral” (Papa Francisco, 28.9.2018). El diálogo ecuménico, interreligioso e intercultural debe
ser asumido como camino irrenunciable de la evangelización en la Amazonía (cf. DAp 227). La
Amazonía es una amalgama de credos, la mayoría cristianos. Ante dicha realidad, se nos abren
caminos reales de comunión: “No bastan las manifestaciones de buenos sentimientos. Hacen
falta gestos concretos que penetren en los espíritus y sacudan las conciencias, impulsando a
cada uno a la conversión interior, que es el fundamento de todo progreso en el camino del
ecumenismo” (Benedicto XVI, Mensaje a los Cardenales en la Capilla Sixtina, 20/04/2005). La
centralidad de la Palabra de Dios en la vida de nuestras comunidades es factor de unión y diálogo.
En torno a la Palabra se pueden dar tantas acciones comunes: traducciones de la Biblia a las lenguas
locales, ediciones en conjunto, difusión y distribución de la Biblia y encuentros entre teólogos y de
teólogos y teólogas católicos y de diversas confesiones.
25. En la Amazonía, el diálogo interreligioso se lleva a cabo especialmente con las religiones
indígenas y los cultos afrodescendientes. Estas tradiciones merecen ser conocidas, entendidas
en sus propias expresiones y en su relación con el bosque y la madre tierra. Junto con ellos, los
cristianos, basados en su fe en la Palabra de Dios, se ponen en diálogo, compartiendo sus vidas,
sus preocupaciones, sus luchas, sus experiencias de Dios, para profundizar mutuamente su fe y
actuar juntos en defensa de la “casa común”. Para ello es necesario que las iglesias de la Amazonía
desarrollen iniciativas de encuentro, estudio y diálogo con los seguidores de estas religiones. El
diálogo sincero y respetuoso es el puente hacia la construcción del ‘buen vivir’. En el intercambio de
dones, el Espíritu conduce cada vez más hacia la verdad y el bien (cf. EG 250).
Iglesia misionera que sirve y acompaña a los pueblos amazónicos
26. Este Sínodo quiere ser un fuerte llamado a todos los bautizados de la Amazonía a ser
discípulos misioneros. El envío a la misión es inherente al bautismo y es para todos los bautizados.
Por él todos recibimos la misma dignidad de ser hijos e hijas de Dios, y ninguno puede ser excluido
de la misión de Jesús a sus discípulos. “Vayan por todo el mundo y proclamen la Buena Nueva a
toda la creación” (Mc 16,15). De allí que creemos necesario generar un mayor impulso misionero
entre las vocaciones nativas; la Amazonía debe ser evangelizada también por los amazónicos.
a. Iglesia con rostro indígena, campesino y afrodescendiente
27. Es urgente dar a la pastoral indígena su lugar específico en la Iglesia. Partimos
de realidades plurales y culturas diversas para definir, elaborar y adoptar acciones pastorales, que
nos permitan desarrollar una propuesta evangelizadora en medio de las comunidades indígenas,
ubicándonos dentro del marco de una pastoral indígena y de la tierra. La pastoral de los pueblos
indígenas tiene una especificidad propia. Las colonizaciones motivadas por el extractivismo a
través de la historia, con las diferentes corrientes migratorias, las pusieron en una situación de alta
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vulnerabilidad. En este contexto, como Iglesia, sigue siendo necesario crear o mantener una opción
preferencial por los pueblos indígenas, en virtud de la cual tienen que establecerse y consolidarse
los organismos diocesanos de pastoral indígena con una acción misionera renovada, que escuche,
dialogue, esté encarnada y con una presencia permanente. La opción preferencial por los pueblos
indígenas, con sus culturas, identidades e historias, nos exige aspirar a una Iglesia indígena con
sacerdotes y ministros propios siempre unidos y en total comunión con la Iglesia Católica.
28. Reconociendo la importancia de la atención que la Iglesia está llamada a prestar en
la Amazonía al fenómeno de la urbanización y a los problemas y perspectivas relacionados con
ella, es necesaria una referencia al mundo rural en su conjunto y a la pastoral rural en particular.
Desde el punto de vista pastoral, la Iglesia debe dar respuestas al fenómeno de la despoblación
del campo, con todas las consecuencias que de ello se derivan (pérdida de identidad, laicismo
imperante, explotación del trabajo rural, desintegración familiar, etc.).
b. Iglesia con rostro migrante
29. Dado su incremento y volumen, actualmente el fenómeno de las migraciones
se ha convertido en un inédito reto político, social y eclesial (cf. DA, 517, a). Ante eso, muchas
comunidades eclesiales, han recibido a los migrantes con mucha generosidad, recordando que:
“fuí forastero y me hospedaste” (Mt 25,35). El desplazamiento forzado de familias indígenas,
campesinas, afrodescendientes y ribereñas, expulsadas de sus territorios por la presión sobre los
mismos o por la asfixia ante la falta de oportunidades, exige una pastoral de conjunto en la periferia
de los centros urbanos. Para ello será preciso crear equipos misioneros para su acompañamiento,
coordinando con las parroquias y demás instituciones eclesiales y extraeclesiales las condiciones
de acogida, ofreciendo liturgias inculturadas y en las lenguas de los migrantes; promoviendo
espacios de intercambios culturales, favoreciendo la integración en la comunidad y en la ciudad y
motivándoles en esta labor al protagonismo.
c. Iglesia con rostro joven
30. Entre los diversos rostros de las realidades panamazónicas, destaca el de
los jóvenes presentes en todo el territorio. Son jóvenes con rostros e identidades indígenas,
afrodescendientes, ribereños, extractivistas, migrantes, refugiados, entre otros. Jóvenes residentes
de zonas rurales y urbanas, que diariamente sueñan y buscan mejores condiciones de vida, con el
profundo deseo de tener una vida plena. Jóvenes estudiantes, trabajadores y con fuerte presencia y
participación en diversos espacios sociales y eclesiales. Entre la juventud amazónica, se presentan
realidades tristes como pobreza, violencia, enfermedades, prostitución infantil, explotación sexual,
uso y tráfico de drogas, embarazo precoz, desempleo, depresión, trata de personas, nuevas formas
de esclavitud, tráfico de órganos, dificultades para acceder a la educación, salud y asistencia
social. Lamentablemente, en los últimos años, ha habido un aumento significativo en el suicidio
entre los jóvenes, así como el crecimiento de la población juvenil encarcelada y crímenes entre
y contra los jóvenes, especialmente afrodescendientes y periféricos. Ellos viviendo en el gran
territorio del Amazonas, tienen los mismos sueños y anhelos como otros jóvenes en este mundo: ser
considerados, respetados, tener oportunidades de estudio, trabajo, de un futuro de esperanza. Pero
viven una intensa crisis de valores, o una transición hacia otros modos de concepción de la realidad,
en donde los elementos éticos están cambiando, incluso para los jóvenes indígenas. La labor de la
Iglesia es la de acompañarlos para hacer frente a toda situación que destruya su identidad o dañe
su autoestima.
31. Los jóvenes también están intensamente presentes en los contextos migratorios
del territorio. Una atención especial merece la realidad de los jóvenes en los centros urbanos.
Cada vez más las ciudades son receptoras de todos los grupos étnicos, pueblos y problemas
de la Amazonía. La Amazonía rural se está despoblando; las ciudades se enfrentan a enormes
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problemas de delincuencia juvenil, falta de trabajo, luchas étnicas e injusticias sociales. Aquí, en
particular, la Iglesia está llamada a ser una presencia profética entre los jóvenes, ofreciéndoles un
acompañamiento adecuado y una educación apropiada.
32. En comunión con la realidad juvenil amazónica, la Iglesia proclama la Buena Nueva
de Jesús a los jóvenes, el discernimiento y acompañamiento vocacional, el lugar de apreciación
de la cultura e identidad local, el liderazgo juvenil, la promoción de los derechos de la juventud, el
fortalecimiento de espacios creativos, innovadores y diferenciados de evangelización a través de
un ministerio juvenil renovado y audaz. Una pastoral siempre en proceso, centrada en Jesucristo
y su proyecto, dialógica e integral, comprometida con todas las realidades juveniles existentes
en el territorio. Los jóvenes indígenas tienen un enorme potencial y participan activamente en
sus comunidades y organizaciones contribuyendo como líderes y animadores, en defensa de los
derechos, especialmente en el territorio, la salud y la educación. Por otro lado, son las principales
víctimas de la inseguridad sobre las tierras indígenas y la ausencia de políticas públicas específicas
y de calidad. La difusión del alcohol y las drogas a menudo llega a las comunidades indígenas,
dañando gravemente a los jóvenes e impidiéndoles vivir en libertad para construir sus sueños y
participar activamente en la comunidad.
33. El protagonismo de los jóvenes aparece claramente en los documentos del Sínodo de los
Jóvenes (160, 46) en la exhortación papal Christus Vivit (170) y en la Encíclica Laudato Sí (209). Los
jóvenes quieren ser protagonistas y la Iglesia Amazónica quiere reconocerles su espacio. Quiere
ser compañera a la escucha reconociendo a los jóvenes como un lugar teológico, como "profetas de
esperanza", comprometidos con el diálogo, ecológicamente sensibles y atentos a la “casa común”.
Una Iglesia que acoge y camina con los jóvenes, especialmente en las periferias. Frente a esto,
surgen tres urgencias: promover nuevas formas de evangelización a través de los medios sociales
(Francisco, Christus Vivit 86); ayudar al joven indígena a lograr una sana interculturalidad; ayudarlos
para hacer frente a la crisis de antivalores que destruye su autoestima y les hace perder su identidad.
d. Iglesia que recorre nuevos caminos en la pastoral urbana
34. La fuerte tendencia de la humanidad a concentrarse en ciudades, se migra de las pequeñas
a las más grandes, se da también en la Amazonía. Al crecimiento acelerado de las metrópolis
amazónicas le acompañan la generación de periferias urbanas. A la par, se transmiten estilos de
vida, formas de convivencia, lenguas y valores configurados por las metrópolis y que cada vez más
se implantan tanto en las comunidades indígenas como en el resto del mundo rural. La familia en
la ciudad es un lugar de síntesis entre la cultura tradicional y la moderna. Sin embargo, las familias
a menudo sufren de pobreza, vivienda precaria, falta de trabajo, aumento del consumo de drogas y
alcohol, discriminación y suicidio infantil. Además, en la vida familiar hay falta de diálogo entre las
generaciones y las tradiciones y la lengua se pierden. Las familias también se enfrentan a nuevos
problemas de salud, que requieren una educación adecuada en materia de maternidad. Los rápidos
cambios actuales afectan a la familia amazónica. Así, encontramos nuevos formatos familiares:
familias monoparentales bajo la responsabilidad de las mujeres, aumento de las familias separadas,
uniones consensuadas y familias reunidas, disminución de los matrimonios institucionales. La ciudad
es una explosión de vida, porque “Dios vive en la ciudad” (DAp 514). En ella hay ansiedades y
búsquedas del sentido de la vida, conflictos, pero también solidaridad, fraternidad, deseo de bondad,
verdad y justicia" (cfr. EG 71-75). Evangelizar la ciudad o la cultura urbana significa "lograr y, por
así decirlo, modificar por la fuerza del Evangelio los criterios de juicio, los valores que cuentan, los
centros de interés, las líneas de pensamiento, las fuentes de inspiración y los modelos de vida de la
humanidad, que se presentan en contraste con la Palabra de Dios y el designio de salvación" (EN
19).
35. Es necesario defender el derecho de todas las personas a la ciudad. El reivindicado
derecho a la ciudad se define como el disfrute equitativo de las ciudades dentro de los principios de
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sostenibilidad, democracia y justicia social. No obstante, también será preciso incidir en las políticas
públicas y promover iniciativas que mejoren la calidad de vida en el mundo rural evitando así su
desplazamiento descontrolado.
36. Las comunidades eclesiales de base han sido y son un don de Dios a las Iglesias locales
de la Amazonía. Sin embargo, es necesario reconocer que, con el tiempo, algunas comunidades
eclesiales se han asentado, debilitado o incluso desaparecido. Pero la gran mayoría sigue siendo
perseverante y es el fundamento pastoral de muchas parroquias. Hoy los grandes peligros de las
comunidades eclesiales provienen principalmente del secularismo, del individualismo, de la falta de
dimensión social y de la ausencia de actividad misionera. Por eso, es necesario que los pastores
animen en todos y cada uno de los fieles al discipulado misionero. La comunidad eclesial deberá
estar presente en los espacios de participación de políticas públicas donde se articulan acciones para
revitalizar la cultura, la convivencia, el ocio y la celebración. Debemos luchar para que las “favelas”
y “villas miseria”, tengan asegurados los derechos básicos fundamentales; agua, energía, vivienda
y promover la ciudadanía ecológica integral. Instituir el ministerio de acogida en las comunidades
urbanas de la Amazonía para la solidaridad fraterna con los migrantes, refugiados, personas sin
hogar y personas que han abandonado las zonas rurales.
37. Una atención especial merece la realidad de los indígenas en los centros urbanos, pues
son los más expuestos a los enormes problemas de delincuencia juvenil, falta de trabajo, luchas
étnicas e injusticias sociales. Es uno de los mayores desafíos hoy en día: cada vez más ciudades
son los lugares de destino de todos los grupos étnicos y pueblos de la Amazonía. Se deberá articular
una pastoral indígena de la ciudad que atienda esta realidad específica.
e. Una espiritualidad de la escucha y el anuncio
38. La acción pastoral se sustenta en una espiritualidad que se basa en la escucha de la palabra
de Dios y el grito de su pueblo, para después poder anunciar con espíritu profético la buena nueva.
Reconocemos que la Iglesia que escucha el clamor del Espíritu en el grito de la Amazonía puede
hacer suyos los gozos y las esperanzas, las tristezas y angustias de todos, pero especialmente de
los más pobres (cf. GS 1), que son hijas e hijos predilectos de Dios. Descubrimos que las aguas
caudalosas del Espíritu, semejantes a las del río Amazonas, que periódicamente se desbordan, nos
conducen a esa vida sobreabundante que Dios nos ofrece para compartirla en el anuncio.
Nuevos caminos para la conversión pastoral
39. Los equipos misioneros itinerantes en la Amazonía, van tejiendo y haciendo comunidad en
el camino, ayudan a fortalecer la sinodalidad eclesial. Pueden sumar varios carismas, instituciones y
congregaciones, laicos y laicas, religiosos y religiosas, sacerdotes. Sumar para llegar juntos donde
solos no se puede. Las giras de los misioneros que salen de su sede y pasan un tiempo visitando
comunidad por comunidad y celebrando sacramentos dan pie a lo que se llama la “pastoral de visita”.
Se trata de un tipo de método de pastoral que responde a las condiciones y posibilidades actuales
de nuestras iglesias. Gracias a esos métodos, y por la acción del Espíritu Santo, esas comunidades
han desarrollado también una rica ministerialidad que es motivo de acción de gracias.
40. Proponemos una red itinerante que reuna los distintos esfuerzos de los equipos
que acompañan y dinamizan la vida y la fe de las comunidades en la Amazonía. Los caminos de
incidencia política para la transformación de la realidad deben ser discernidos con los pastores y
laicos. Con miras a pasar de visitas pastorales a una presencia más permanente, las congregaciones
y/o provincias de religiosos/as del mundo, que aún no están involucrados en misiones, son invitados
a establecer al menos un frente misionero en cualquiera de los países amazónicos.
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CAPITULO III
NUEVOS CAMINOS DE CONVERSIÓN CULTURAL
“Y la Palabra se hizo carne y puso su tienda entre nosotros” (Jn 1,14)
41. América Latina posee una inmensa biodiversidad y una gran diversidad cultural. En
ella, la Amazonía es una tierra de bosques y de agua, de páramos y humedales, de sabanas y
cordilleras, pero sobre todo tierra de innumerables pueblos, muchos de ellos milenarios, habitantes
ancestrales del territorio, pueblos de perfume antiguo que continúan aromando el continente contra
toda desesperanza. Nuestra conversión debe ser también cultural, hacernos al otro, aprender
del otro. Estar presentes, respetar y reconocer sus valores, vivir y practicar la inculturación y la
interculturalidad en nuestro anuncio de la Buena Noticia. Expresar y vivir la fe en la Amazonía es un
desafío siempre haciéndose. Ella se encarna no sólo en la pastoral sino en las acciones concretas
para con el otro, en la atención de la salud, en la educación, en la solidaridad y apoyo para con los
más vulnerables. Quisiéramos compartir en esta sección todo ello.
El rostro de Iglesia en los pueblos amazónicos
42. En los territorios de la Amazonía hay una realidad pluricultural que exige tener una
mirada que incluya a todos y a usar expresiones que permitan identificar y vincular a todos los
grupos y reflejen identidades que sean reconocidas, respetadas y promovidas tanto en la Iglesia
como en la sociedad, que debe encontrar en los pueblos amazónicos un interlocutor válido para el
diálogo y el encuentro. Puebla habla de los rostros que habitan en Latinoamérica y constata que,
en los pueblos originarios, hay un mestizaje que ha crecido y sigue creciendo con el encuentro y
desencuentros entre las diferentes culturas que hacen parte del continente. Este rostro, también de
la Iglesia en la Amazonía es un rostro que se encarna en su territorio, que evangeliza y abre caminos
para que los pueblos se sientan acompañados en diferentes procesos de vida evangélica. También,
está presente un renovado sentido misionero por parte de los habitantes de los mismos pueblos,
realizando la misión profética y samaritana de la Iglesia que debe fortalecerse con la apertura al
diálogo de otras culturas. Sólo una Iglesia misionera inserta e inculturada hará surgir las iglesias
particulares autóctonas, con rostro y corazón amazónicos, enraizadas en las culturas y tradiciones
propias de los pueblos, unidas en la misma fe en Cristo y diversas en su manera de vivirla, expresarla
y celebrarla.
a. Los valores culturales de los pueblos amazónicos
43. En la gente de la Amazonía encontramos enseñanzas para la vida. Los pueblos originarios
y los que llegaron posteriormente y forjaron su identidad en la convivencia, aportan valores culturales
en los que descubrimos las semillas del Verbo. En la selva no solo la vegetación está entrelazada
sosteniendo una especie a la otra, también los pueblos se interrelacionan entre sí en una red de
alianzas que a todos aporta ganancia. La selva vive de las interrelaciones e interdependencias y
esto ocurre en todos los ámbitos de la vida. Gracias a ello, el frágil equilibrio de la Amazonía, se
mantuvo por siglos.
44. El pensamiento de los pueblos indígenas ofrece una visión integradora de la realidad, que
es capaz de comprender las múltiples conexiones existentes entre todo lo creado. Esto contrasta
con la corriente dominante del pensamiento occidental que tiende a fragmentar para entender la
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realidad, pero no logra volver a articular el conjunto de las relaciones entre los diversos campos de
conocimiento. El manejo tradicional de lo que la naturaleza les ofrece ha sido hecho del modo que
hoy denominamos manejo sostenible. Encontramos además otros valores en los pueblos originarios
como son la reciprocidad, solidaridad, el sentido comunitario, la igualdad, la familia, su organización
social y el sentido de servicio.
b. Iglesia presente y aliada de los pueblos en sus territorios
45. La codicia por la tierra está en la raíz de los conflictos que conducen al etnocidio, así como
al asesinato y la criminalización de los movimientos sociales y de sus dirigentes. La demarcación y
protección de la tierra es una obligación de los Estados nacionales y de sus respectivos gobiernos.
Sin embargo, buena parte de los territorios indígenas están desprovistos de protección y los ya
demarcados están siendo invadidos por frentes extractivos como la minería y la extracción forestal,
por los grandes proyectos de infraestructura, por los cultivos ilícitos y por los latifundios que
promueven el monocultivo y la ganadería extensiva.
46. De esta manera, la Iglesia se compromete a ser aliada de los pueblos amazónicos para
denunciar los atentados contra la vida de las comunidades indígenas, los proyectos que afectan
al medio ambiente, la falta de demarcación de sus territorios, así como el modelo económico de
desarrollo depredador y ecocida. La presencia de la Iglesia entre las comunidades indígenas y
tradicionales necesita esta conciencia de que la defensa de la tierra no tiene otra finalidad que la
defensa de la vida.
47. La vida de los pueblos indígenas, mestizos, riberiños, campesinos, quilombolas
y/o afrodescendientes y las comunidades tradicionales se ve amenazada por la destrucción, la
explotación ambiental y la violación sistemática de sus derechos territoriales. Es preciso defender los
derechos a la libre determinación, la demarcación de territorios y la consulta previa, libre e informada.
Estos pueblos tienen “condiciones sociales, culturales y económicas que los distinguen de otros
sectores de la comunidad nacional, y que se rigen total o parcialmente por sus propias costumbres o
tradiciones o por una legislación especial” (Conv. 169 OIT, art. 1º, 1a). Para la Iglesia, la defensa de
la vida, la comunidad, la tierra y los derechos de los pueblos indígenas es un principio evangélico,
en defensa de la dignidad humana: «He venido para que los hombres tengan vida y la tengan en
abundancia» (Jn 10, 10b).
48. La Iglesia promueve la salvación integral de la persona humana, valorando la cultura de
los pueblos indígenas, hablando de sus necesidades vitales, acompañando a los movimientos en
sus luchas por sus derechos. Nuestro servicio pastoral constituye un servicio para la vida plena de
los pueblos indígenas, que nos mueve a anunciar la Buena Nueva del Reino de Dios y a denunciar
las situaciones de pecado, estructuras de muerte, violencia e injusticias, promoviendo el diálogo
intercultural, interreligioso y ecuménico (cf. DAp 95).
49. Un capítulo específico precisan los Pueblos Indígenas en Aislamiento Voluntario (PIAV)
o Pueblos Indígenas en Aislamiento y Contacto Inicial (PIACI). En la Amazonía existen cerca de
130 pueblos o segmentos de pueblos, que no mantienen contactos sistemáticos o permanentes
con la sociedad envolvente. Abusos y violaciones sistemáticas del pasado provocaron su migración
a lugares más inaccesibles, buscando protección, procurando preservar su autonomía y optando
por limitar o evitar sus relaciones con terceros. Hoy continúan teniendo su vida amenazada por la
invasión de sus territorios desde diversos frentes y por su baja demografía, quedando expuestos
a la limpieza étnica y a la desaparición. En su encuentro con los Pueblos Indígenas de enero de
2018 en Puerto Maldonado, el Papa Francisco nos recuerda: “Son los más vulnerables de entre los
vulnerables (...) Sigan defendiendo a estos hermanos más vulnerables. Su presencia nos recuerda
que no podemos disponer de los bienes comunes al ritmo de la avidez de consumo.” (Fr. PM). Una
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opción por la defensa de los PIAV/PIACI, no exime de la responsabilidad pastoral a las Iglesias
locales sobre ellos.
50. Esta responsabilidad debe manifestarse en acciones específicas por la defensa de sus
derechos, concretarse en acciones de incidencia para que los Estados asuman la defensa de sus
derechos mediante la garantía legal e inviolable de los territorios que ocupan de forma tradicional,
inclusive adoptando medidas de precaución en las regiones donde habiendo sólo indicios de su
presencia, ésta no es confirmada oficialmente y estableciendo mecanimos de cooperación bilateral
entre estados, cuando estos grupos ocupen espacios transfronterizos. En todo momento se debe
garantizar el respeto a su autodeterminación y a su libre decisión sobre el tipo de relaciones que
quieren establecer con otros grupos. Para ello será preciso que todo el pueblo de Dios, y en especial
las poblaciones vecinas a los territorios de los PIAV/PIACI, sean sensibilizados sobre el respeto a
estos pueblos y la importancia de la inviolabilidad de sus territorios. Como San Juan Pablo II dijo
en Cuiabá, en 1991 “La Iglesia, queridos hermanos y hermanas indios, ha estado y seguirá estando
siempre a vuestro lado para defender la dignidad de los seres humanos, su derecho a tener una
vida propia y pacífica, respetando los valores de sus tradiciones, costumbres y culturas”.
Caminos para una Iglesia inculturada
51. Cristo con la encarnación dejó su prerrogativa de Dios y se hizo hombre en una cultura
concreta para identificarse con toda la humanidad. La inculturación es la encarnación del Evangelio
en las culturas autóctonas (“lo que no se asume no se redime”, San Ireneo, cf. Puebla 400) y al
mismo tiempo la introducción de estas culturas en la vida de la Iglesia. En este proceso los pueblos
son protagonistas y acompañados por sus agentes y pastores.
a. La vivencia de la fe expresada en la piedad popular y la catequesis inculturada
52. La piedad popular constituye un importante medio que vincula a muchos pueblos
de la Amazonía con sus vivencias espirituales, sus raíces culturales y su integración comunitaria.
Son manifestaciones con las que el pueblo expresa su fe, a través de imágenes, símbolos,
tradiciones, ritos y otros sacramentales. Las peregrinaciones, procesiones y fiestas patronales deben
ser apreciadas, acompañadas, promovidas y algunas veces purificadas, ya que son momentos
privilegiados de evangelización que deben llevar al encuentro con Cristo. Las devociones marianas
están muy arraigadas en la Amazonía y en toda América Latina.
53. Es característica la no clericalización de las hermandades, cofradías y grupos vinculados
a la piedad popular. Los laicos asumen un protagonismo que difícilmente alcanzan en otros
ámbitos eclesiales, con la participación de hermanos y hermanas que ejercen servicios y dirigen
oraciones, bendiciones, cantos sagrados tradicionales, animan novenas, organizan procesiones,
promueven las fiestas patronales, etc. Es preciso “dar una catequesis apropiada y acompañar la fe ya
presente en la religiosidad popular. Una manera concreta puede ser ofrecer un proceso de iniciación
cristiana.... que nos lleva a asemejarnos cada vez más a Jesucristo, provocando la progresiva
apropiación de sus actitudes” (DAp 300).
b. El misterio de la fe reflexionado en una teología inculturada
54. La teología india, la teología de rostro amazónico y la piedad popular ya son riqueza
del mundo indígena, de su cultura y espiritualidad. El misionero y agente de pastoral cuando lleva la
palabra del Evangelio de Jesús se identifica con la cultura y se produce el encuentro del que nace
el testimonio, el servicio, el anuncio y aprendizaje de las lenguas. El mundo indígena con sus mitos,
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narrativa, ritos, canciones, danza y expresiones espirituales enriquece el encuentro intercultural.
Ya Puebla reconoce que «las culturas no son terreno vacío, carente de auténticos valores. La
evangelización de la Iglesia no es un proceso de destrucción, sino de consolidación y fortalecimiento
de dichos valores; una contribución al crecimiento de los “gérmenes del verbo”» (DP 401, cf. GS
57) presentes en las culturas.
Caminos para una Iglesia intercultural
a. El respeto a las culturas y a los derechos de los pueblos
55. Todos estamos invitados a acercarnos a los pueblos amazónicos de igual a
igual, respetando su historia, sus culturas, su estilo del ‘buen vivir’ (PF 06.10.19). El colonialismo
es la imposición de determinados modos de vivir de unos pueblos sobre otros, tanto económica,
cultural o religiosamente. Rechazamos una evangelización de estilo colonialista. Anunciar la Buena
Nueva de Jesús implica reconocer los gérmenes del Verbo ya presentes en las culturas. La
evangelización que hoy proponemos para la Amazonía, es el anuncio inculturado que genera
procesos de interculturalidad, procesos que promueven la vida de la Iglesia con una identidad y un
rostro amazónico.
b. La promoción del diálogo intercultural en un mundo global
56. En la tarea evangelizadora de la Iglesia, que no debe confundirse con proselitismo,
habremos de incluir, procesos claros de inculturación de nuestros métodos y esquemas misioneros.
En concreto se propone a los centros de investigación y pastoral de la iglesia que, en alianza
con los pueblos indígenas, estudien, recopilen y sistematicen las tradiciones de los grupos étnicos
amazónicos para favorecer un trabajo educativo que parta de su identidad y cultura, ayude en
la promoción y defensa de sus derechos, conserve y difunda su valor en el escenario cultural
latinoamericano.
57. Las acciones educativas se ven hoy interpeladas por la necesidad de inculturación.
Es un desafio buscar metodologías y contenidos adecuados a los pueblos en los cuales se quiere
ejercer el ministerio de la enseñanza. Para ello, es importante el conocimiento de sus lenguas, sus
creencias y aspiraciones, sus necesidades y esperanzas; así como la construcción colectiva de
procesos educativos que tengan tanto en la forma como en los contenidos, la identidad cultural de las
comunidades amazónicas, insistiendo en la formación de la ecología integral como eje transversal.
c. Los desafíos para la salud, la educación y la comunicación
58. La Iglesia asume como tarea importante promover la educación en salud preventiva y
ofrecer asistencia sanitaria en lugares donde la asistencia del Estado no llega. Se requiere favorecer
iniciativas de integración que beneficien la salud de los amazónicos. También es importante
promover la socialización de conocimientos ancestrales en el campo de la medicina tradicional
propia de cada cultura.
59. Entre las complejidades del territorio amazónico, destacamos la fragilidad de la
educación sobre todo en los pueblos indígenas. Aunque la educación es un derecho humano, la
calidad educativa es deficiente y la deserción escolar muy frecuente, sobre todo en las niñas. La
educación evangeliza, promueve la transformación social, empoderando a las personas con un sano
sentido critico. “Una buena educación escolar a una temprana edad pone semillas que pueden
producir efectos a lo largo de una vida” (LS 213). Es nuestra tarea promover una educación para la
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solidaridad, que brote de la conciencia de un origen común y de un futuro compartido por todos (cf.
LS 202). Es preciso exigir a los gobiernos la implementación de una educación pública, intercultural
y bilingüe.
60. El mundo, cada vez más globalizado y complejo, ha desarrollado una red
informativa sin precedentes. Sin embargo, tal flujo de información instantánea no conlleva a una
mejor comunicación o conexión entre los pueblos. En la Amazonía, queremos promover una
cultura comunicativa que favorezca el diálogo, la cultura del encuentro, y el cuidado de la “casa
común”. Motivados por una ecología integral, deseamos potenciar los espacios de comunicación ya
existentes en la región, para así promover de modo urgente una conversión ecológica integral. Para
ello, es preciso colaborar con la formación de agentes de comunicación autóctonos, especialmente
indígenas. Ellos no sólo son interlocutores privilegiados para la evangelización y la promoción
humana en el territorio, sino que además nos ayudan a difundir la cultura del ‘buen vivir’ y del cuidado
por la creación.
61. Con el fin de desarrollar las diversas conexiones con toda la Amazonía y mejorar
su comunicación, la Iglesia quiere crear una red de comunicación eclesial panamazónica, que
comprende los diversos medios utilizados por las iglesias particulares y otros organi

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